Ciertamente les digo que los desafíos y las tareas que enfrentaremos son enormes, pero menores que la voluntad, la preparación y la capacidad de trabajo de la comunidad universitaria. En este día deseo reanimar la esperanza del cambio y prometo que con su activa lograremos concertar objetivos de unidad, evitando conflictos y divisionismos estériles, que por demasiado tiempo han minado la unidad Institucional. Unidos, hay poco que no podamos lograr si lo acordamos. Divididos es poco lo que podemos hacer para incrementar la calidad académica.
No será una tarea fácil, la economía nacional tiene altibajos, las finanzas institucionales deben sanearse y nuestra sociedad está en crisis; sin embargo, tenemos la seguridad de que la solución está en la educación y en el apego a los valores y nuestra encomienda, tipificada en la Ley Orgánica es ofrecer una educación de calidad en el término más amplio de este concepto.
En sus manos estimados estudiantes y compañeros trabajadores, más que en las mías, reside el éxito o el fracaso de nuestro proyecto universitario. Tenemos bien identificados a nuestros enemigos y éstos son: la ignorancia, la ineptitud, la pereza, la corrupción y el tráfico de influencias; pero saldremos victoriosos con las armas que ustedes conocen y que manejamos con eficacia y eficiencia: el conocimiento, el trabajo arduo, la paciencia y la honestidad. Yo afronto esta responsabilidad porque que estoy seguro del respaldo de la comunidad universitaria y confío que todos ustedes brindarán su mejor esfuerzo para que nuestra institución trascienda. El conocimiento para la solución de los problemas que nos aquejan está en nuestra planta docente y administrativa y falta únicamente asignar las tareas adecuadas a las personas idóneas.